Ser fumador pasivo es altamente perjudicial para nuestro bebé, y eso es algo que hoy en día ya nadie pone en duda. Además está demostrado que respirar el humo del tabaco, es un aire viciado para todo el mundo y que afecta en forma muy especial a los niños.
Las numerosas sustancias que desprende un cigarrillo al arder aumentan en ellos el riesgo de padecer asma, alergias, enfermedades de pulmón y bronquios, además de cáncer. Se debe tomar consciencia de eso y evitar fumar en lugares cerrados en presencia de los bebés.
Se ha comprobado que los hijos de padres fumadores (cuando fuman en casa) tienen una mayor propensión a sufrir enfermedades respiratorias, y en concreto, el riesgo de padecer bronquitis en los primeros 18 meses de vida es dos veces y media mayor que en los niños procedentes de familias de no fumadores.
Por si fuera poco, como los niños pasan mucho tiempo dentro de la casa, están expuestos durante todo el día a las partículas nocivas que pueda haber en el aire de la casa. La regla de oro: no fumar nunca en el entorno del bebé y es muy recomendable ventilar en forma regular toda la casa y, sobre todo, el dormitorio infantil.