La fimosis consiste en la estrechez de la abertura del prepucio (que es la piel que cubre la punta del pene), lo que impide la retracción o despegamiento del mismo sobre el glande. Este problema es muy fácil de detectar por los padres del menor. Sólo tienen que observar si pueden bajar la piel del prepucio y dejar al descubierto el glande de su hijo durante las operaciones de higiene habituales. La mayoría de los niños recién nacidos tiene este problema, en concreto la fimosis afecta al 80% de los lactantes menores de seis meses, pero es una característica fisiológica natural y en muchos de los casos no son auténticas fimosis, sino adherencias balanoprepuciales simples que se resuelven de forma espontánea con el paso del tiempo sin necesidad de recurrir a maniobras traumatizantes para el niño.

Si el problema persiste y el médico confirma que se trata de fimosis, es necesario solucionarlo porque puede tener consecuencias para el paciente a corto y largo plazo. La principal consecuencia a cualquier edad es que impide una adecuada higiene del glande, lo que favorece la aparición de infecciones en la zona genital debido a la acumulación de una sustancia llamada esmegma que se infecta con facilidad. Además, se ha comprobado que tiene propiedades cancerígenas cuando se infecta, de forma que los niños que han tenido infección de repetición por fimosis tienen más probabilidades de desarrollar cáncer en la vida adulta, aunque no hay que alarmarse porque es algo excepcional.

En el paso de la edad infantil a la adolescente puede ocurrir que éste problema provoque dificultades en las relaciones sexuales, porque al no retraerse el prepucio correctamente hacia atrás puede causar penetraciones o erecciones dolorosas. Por último, cabe señalar que  una fimosis intensa puede llegar a dificultar la micción o hacerla muy incómoda para el niño.

Aunque es una enfermedad propia de la infancia, en ocasiones puede aparecer en la edad adulta, bien como resultado de una fimosis no detectada de niño y que suele sobrevenir coincidente con las primeras erecciones, o bien por otras causas, como enfermedades relacionadas con el prepucio. Hay personas mayores que nunca han tenido este problema, pero que con la edad se les va haciendo el prepucio más estrecho y menos elástico, convirtiéndose en una fimosis que hay que tratar. Antes era más habitual operar a adultos porque los controles médicos no eran tan habituales, pero hoy en día afirma que prácticamente todos los casos se solucionan en la niñez o adolescencia.

 

 

Imagen: salud siglo XXI

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