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Constituyen una parte llamativa de nuestro organismo. Su constitución dura y brillante hace que sean el centro de atención de nuestros hijos desde su más tierna infancia. Es una parte de nuestro cuerpo bastante vulnerable, las uñas se hieren a la mínima, se atrapan en el marco de la puerta o bien aparecen sin previo aviso encarnadas en algún dedo del pie.

Aunque parezca sorprendente, las uñas acaparan más del 10% de todas las patologías de la piel. Se forman a partir de una proteína llamada queratina. Si bien la uña no posee terminaciones nerviosas, éstas si abundan a su alrededor y contribuyen a su sensibilidad ante estímulos como la presión (sensación necesaria a la hora de manejar objetos) y la temperatura.

Cómo cuidarlas: tenemos que tener en consideración que las uñas de un niño son más blandas y necesitan más cuidados de las que, por ejemplo, un niño de seis años. Los instrumentos que utilicemos para su cuidado tienen que tener un tamaño proporcional a su edad y no debemos, por ejemplo, cortarlas con un cortaúñas automático de adultos, ya que podríamos seccionar, literalmente, un pedacito del extremo del dedo.

La cutícula o piel que se encuentra en la base de las uñas no debe, al contrario de lo que muchas madres creen, quitarse para embellecer su aspecto. En el mejor de los casos, debemos tan sólo reparar la zona externa, desprendiendo la piel muerta, pero nunca quitarla en su totalidad.
 

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