tarritos-infantiles

Recurrir a los tarritos preparados de vez en cuando es una buena solución cuando no tienes tiempo de preparar en casa purés con verduras, carnes, pescados y frutas. (2da parte)

• Solución práctica

Al elaborar nosotras los purés nos parece que proporcionamos una alimentación mejor y más segura a nuestro hijo, pues nos aseguramos de la calidad de la materia prima, de cómo están hechos, de que no les hemos añadido demasiadas grasas ni azúcares y de que se aprovechan las vitaminas pues se consumen al momento. Sin embargo, incluso a veces, las garantías y controles comerciales que han de pasar los tarritos superan las que el consumidor alcanza en casa, especialmente en lo referente a aditivos, contaminantes, calidad de las grasas y exceso de calorías. Además, y dado el estilo de vida actual, los tarritos han sido de gran ayuda para las madres trabajadoras, pues tenemos la comida lista en cualquier momento y lugar.

Por otro lado, los tarritos ayudan a que los niños descubran sabores y aprendan a masticar y tragar. De todas formas, y aunque los tarritos son saludables, los expertos coinciden en afirmar que los niños no deben alimentarse exclusivamente de ellos. Por tanto, siempre que sea posible, se debería aprovechar para introducir en la dieta productos preparados en el hogar y así conseguir una dieta amplia, variada y equilibrada.

• Con garantías

Pero aparte de estas consideraciones prácticas, pueden darse con la tranquilidad de que están bien elaborados, pues están sometidos a exhaustivos controles y análisis de calidad. Así, por ejemplo se vigila el contenido en gluten, una fracción proteica propia de cereales como trigo, cebada, centeno y avena que está desaconsejada para niños de menos de seis meses de edad. Otros alimentos, como huevo, leche, pescado y ciertas frutas, son potencialmente alergénicos si se introducen excesivamente pronto, en cierta cantidad y de forma reiterada, y también es una cuestión que tienen en cuenta los fabricantes de alimentos infantiles.

Por otra parte, el estado microbiológico de este tipo de productos ha de ser impecable: los bebés los van a consumir tal cual (tarritos de frutas) o después de un leve calentamiento (pollo con arroz, ternera con verduras, pescado con patata, etc.) por lo que se supervisa el origen, manipulación, documentación y transporte de cada ingrediente hasta su venta. Incluso se vigilan los piensos que comen los animales, los tratamientos médicos a los que hayan sido sometidos, así como las instalaciones donde viven y el estado general de salud en el momento de ser sacrificados, y mucho más a partir de la epidemia de las “vacas locas”. Además, se controlan otros materiales, como los plásticos y cristales de los envases.

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