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El botulismo es una enfermedad neuroparalítica que se produce por la ingestión de alimentos que contienen la toxina botulínica. Al ser absorbida, esta toxina llega a los músculos a través de la sangre y produce una alteración química que lleva a la parálisis muscular. En muchos casos, puede llegar a ser muy pero muy grave. De ahí la importancia que tiene el evitar que el pequeño ingiera un alimento que pueda contener estas toxinas.

Hay tres tipos de botulismo:

1. El alimentario (por mala conservación de los alimentos) que compromete a cualquier persona.
2. El que se produce de una herida.
3. El más reciente descubrimiento, que es el del lactante, el que pueden presentar los menores de un año por ingerir miel o jarabe de maíz.

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Esta enfermedad se da con mayor frecuencia en los lactantes, ya que el intestino es inmaduro de estos pequeños no puede reaccionar frente a la toxina; por este motivo, cuando los bebés ingieren alimentos contaminados se enferman con más facilidad.

Si bien son los nutrientes los que con mayor frecuencia pueden contener estas toxinas (la miel y el jarabe de maíz), también se han visto casos de botulismo en chicos que viven en zonas rurales y no por la ingestión de alimentos o por la llegada de las esporas al aparato digestivo a través del viento de zonas muy secas y ventosas.

Los síntomas que presenta el botulismo pueden ser muy variados y con distintos niveles de gravedad. Suele llegar a producir una insuficiencia respiratoria que puede ser letal. Por ese motivo hay que evitar darles a los menores de un año los alimentos mencionados.

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