Durante los primeros meses de vida del recién nacido, el bebé sufre algún que otro malestar, ya que es normal al no estar acostumbrado a la vida fuera del útero. Mientras el bebé crea un sistema resistente, puede sufrir alguna que otra consecuencia. Si el niño está llorando y ya se han descartado las causas más evidentes como el hambre, la temperatura, el pañal… puede ser que esté llorando por estar enfermo. Si el niño se pone malito, lo más probable es que sea fiebre, vómitos, diarrea… lo mejor es acudir al pediatra y que lo miren para descartar cualquier otra cosa.
Ahora, en invierno, un bebé tiene las mismas posibilidades de costiparse que un adulto. Como sabéis el costipado no tiene ninguna cura, por lo que si tu bebé lo ha cogido, sólo habrá que esperar a que se le quite solo. El problema para él es al comer, si la nariz la tiene obstruída con mocos, al succionar el pecho o el biberón le provocará una ingestión de comida insuficiente. Por otro lado, el niño puede tener otros síntomas que nos hacen ver que tiene alguna enfermedad como la fiebre. En el caso que tuviera fiebre, estaría luchando contra una infección por lo que sí se debe acudir al médico.
Si tu hijo tiene cólico, suele comenzar al nacer y dura incluso hasta los tres meses. Para saber que tu hijo tiene cólico verás que llora mucho y grita del dolor. Suele ser por la tarde cuando más dolores les dan. Las causas del cólico están relacionadas con un problema digestivo o con la tensión del sistema nervioso, aún no se sabe con exactitud. En definitiva, tenga el síntoma que tenga, al ser tan pequeñito, lo mejor es que el pediatra dicte el diagnótico, así los padres se quedarán más tranquilos.